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La inversión sostenible y responsable se extiende cada vez más y debería seguir creciendo durante los próximos años. Son muchos los retos que se perfilan en el horizonte para los actores financieros a la hora de proponer a sus clientes soluciones que respondan a sus expectativas en materia de sostenibilidad. La educación y la transparencia constituyen los principios rectores en este ámbito.

Nuestras sociedades llevan varios años experimentando una profunda evolución. El cambio climático y los desastres naturales asociados a este fenómeno ocupan periódicamente un lugar destacado en los estudios científicos que se publican o en las advertencias que escuchamos por boca de los expertos, y se han convertido en temas de conversación presentes en nuestro día a día. Esta temática, que también se ha visto impulsada por la evolución del marco normativo, ha terminado por dejarse sentir en la esfera financiera. Mélanie Mortier, gestora de carteras sénior en Banque de Luxembourg, así lo confirma: «En efecto, la expansión de las finanzas sostenibles y responsables que hemos presenciado durante los últimos años guarda relación con la propia evolución de la sociedad respecto del asunto del cambio climático. Ahora bien, también responde al lugar preponderante que han pasado a ocupar otros temas relevantes, como el de la igualdad de género o el de la igualdad entre personas de orígenes diferentes, una tendencia que ha cobrado impulso por el movimiento “Black Lives Matter”, por ejemplo».

Las crisis como catalizadores de las finanzas sostenibles

A la hora de citar otros factores que han repercutido en el desarrollo de las finanzas sostenibles, no podemos pasar por alto la COVID-19. En palabras de Mélanie Mortier: «Esta crisis ha puesto el foco sobre toda una serie de problemas vinculados a nuestro modelo económico, como la necesidad de importar determinados productos de países lejanos. Además, la protección de los trabajadores ha pasado a revestir un carácter esencial durante la crisis. De hecho, las empresas que han tomado las medidas necesarias en este sentido han destacado frente al resto».

Otra crisis que podría reforzar la lucha contra el cambio climático y desempeñar un papel inesperado en el desarrollo de las finanzas sostenibles es el conflicto en Ucrania. Más allá de constituir una crisis humanitaria, este conflicto ha puesto de manifiesto la dependencia de los países europeos en el plano del abastecimiento energético, especialmente hacia Rusia. «En la actualidad, los Estados ya no se preguntan únicamente qué medidas pueden adoptar para contrarrestar el cambio climático, sino también de dónde procede la energía que utilizan», expone la gestora de carteras sénior de Banque de Luxembourg, que considera que el plan europeo «REPowerEU» debería permitirnos ahorrar energía y diversificar nuestras fuentes energéticas. En esta coyuntura, las empresas que proponen alternativas energéticas y que desarrollan soluciones menos contaminantes a escala local tienen un papel que desempeñar.

La integración de los criterios ASG en el análisis financiero

El análisis ambiental, social y de gobierno corporativo (ASG) de las empresas nos permite completar el análisis fundamental de los criterios financieros. Tal y como explica Mélanie Mortier: «Siempre buscamos comprender adecuadamente la empresa en la que invertimos y, sobre todo, medir el conjunto de los riesgos a los que está sujeta. En la actualidad, resulta innegable que el hecho de tener en cuenta los riesgos ASG nos permite comprender de una manera aún más exhaustiva las compañías en las que invertimos».

Aunque históricamente se ha hecho especial hincapié en el aspecto ambiental, que resulta más fácil de cuantificar, observamos que cada vez se tiene más en cuenta la vertiente social. «No cabe duda de que esto está ligado a la evolución de la sociedad. Hoy no solo queremos una transición ecológica, sino que también buscamos que dicha transición sea justa y equitativa», ahonda Mélanie Mortier.

Una armonización necesaria

El análisis de estos criterios ASG se basa en parte en las calificaciones ASG de las empresas, que sin embargo suscitan un gran número de interrogantes. En efecto, los distintos proveedores de datos no han armonizado estos sistemas de calificación, lo que, si bien alimenta el debate, también plantea problemas en el plano de la transparencia de la metodología de calificación. Mélanie Mortier comenta lo siguiente al respecto: «S&P excluyó a Tesla de su índice ASG al considerar que existían varios factores que exigían su descalificación (ausencia de una estrategia para operar en virtud de un modelo con bajas emisiones de carbono, falta de un código de conducta, casos de racismo y condiciones laborales deficientes, entre otros). Sin embargo, MSCI, que constituye otro destacado proveedor de datos, consideró que el producto que proponía Tesla revestía mayor importancia en materia de sostenibilidad que el resto de consideraciones que he mencionado».

Un año repleto de cambios normativos

La Comisión Europea cuenta con un ambicioso plan para fomentar la transición, principalmente a través de una normativa que busca orientar los flujos de capital hacia las inversiones sostenibles, mejorar la transparencia e integrar la sostenibilidad en la gestión de riesgos. Ya en 2021, el Reglamento (UE) 2019/2088 sobre la divulgación de información relativa a la sostenibilidad en el sector de los servicios financieros (SFDR, por sus siglas en inglés) marcó un primer hito en este sentido y logró unos efectos claramente tangibles. «En marzo de 2021, el 20% de los fondos europeos declaraban tener la consideración de fondos del artículo 8 o del artículo 9 del SFDR, es decir, que fomentaban características ambientales o sociales en mayor o menor medida. A finales de 2021, este porcentaje ascendía al 40%. Por ende, el mercado se ha adaptado al nuevo contexto normativo y la tendencia observada debería continuar», anuncia Mélanie Mortier.

Una mayor claridad para los inversores

En el caso de los bancos privados, los cambios también son numerosos y exigen realizar esfuerzos en los planos de la transparencia y la educación de los clientes. «El reto consiste en entablar un diálogo con nuestros clientes y que nos hagan partícipes de sus preferencias en materia de sostenibilidad para poder tenerlas en cuenta en el marco de la gestión de sus carteras». Esta oportunidad para intercambiar pareceres nos brinda la ocasión de explicarles los productos sostenibles y responsables. Asimismo, asegurar la comunicación de información sobre las inversiones también permite garantizar un nivel máximo de transparencia. Por ende, el reto consiste en proporcionar una información útil, comprensible y pertinente. «Como agente económico comprometido, ofrecemos a nuestros clientes un enfoque de inversión responsable. Así, les proponemos soluciones sostenibles y responsables para dejar una impronta positiva en la sociedad y en el medio ambiente», concluye la experta de Banque de Luxembourg.


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Juan Carlos Durán
Asesor de banca privada