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Un año después del impactante anuncio de la administración Trump sobre el ingente aumento de los aranceles, la resiliencia de la economía mundial vuelve a verse sometida a una dura prueba tras el estallido del conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán el 28 de febrero.

Pese a contar con una superioridad militar aplastante y haber eliminado con rapidez a numerosos altos dirigentes del régimen, la coalición israelo-estadounidense se ha topado con una resistencia feroz por parte de Irán. El bloqueo del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz impuesto por las autoridades iraníes se ha traducido en una perturbación de la oferta sin precedentes. Al controlar este lugar de paso estratégico por el cual transita alrededor de una quinta parte de la oferta mundial de petróleo y gas natural licuado, Teherán dispone de una poderosa baza que podría poner en jaque la estabilidad económica mundial. Además del tránsito de petróleo y gas, otros flujos se ven afectados actualmente, en especial los de fertilizantes, aluminio y helio, lo cual incide también directamente en los precios y las cadenas de producción.

Fuente: Bloomberg, Banque de Luxembourg

Una alto al fuego muy frágil

El acuerdo de alto al fuego, vigente durante dos semanas a partir del 8 de abril, parece muy frágil. Impulsadas por Pakistán, las primeras negociaciones entre Estados Unidos e Irán fracasaron enseguida. En estos momentos, las reivindicaciones de ambas partes están muy alejadas. Un factor especialmente peliagudo es el deseo iraní de implantar un peaje marítimo para atravesar el estrecho, que viola el principio de libre navegación. Como reacción a este fiasco, Donald Trump volvió a sorprender al mundo entero decretando un bloqueo naval estadounidense del estrecho de Ormuz para tratar de contener la capacidad de Irán de financiar sus esfuerzos bélicos con los ingresos obtenidos de las exportaciones petroleras (que ascienden a unos 2 millones de barriles diarios con destino a China).

Inevitablemente, la reanudación del tráfico en esta zona será lenta. La Organización Marítima Internacional calcula que, en estos instantes, hay unos 3.000 buques bloqueados en el golfo Pérsico a la espera de una autorización de paso. Además, se necesitarán varios meses para normalizar los flujos energéticos procedentes de Oriente Próximo en vista de los estragos que han sufrido diferentes plantas de producción, infraestructuras portuarias o, incluso, refinerías de la región.

Retroceso de los indicadores anticipados en la zona euro, muy vulnerable a la crisis energética

La zona euro, importadora neta de energía, es muy vulnerable desde el punto de vista económico a la actual crisis energética. Ya observamos los primeros indicios de desaceleración coyuntural en la región, los cuales en estos momentos se reflejan, sobre todo, en los índices de confianza. Aunque el PMI compuesto sigue en fase de expansión, se contrajo 1,2 puntos en marzo tras un retroceso considerable del segmento de servicios (-1,6 puntos). La confianza de los consumidores también registró un descenso neto, al perder 4 puntos durante el mes, lo que supone un desplome que viene a reflejar los temores asociados a las tensiones geopolíticas y la intensificación de las presiones inflacionistas que se derivan de ello. Esas presiones ya son perfectamente identificables: el índice de precios al consumo de la zona euro se aceleró claramente en marzo, con un avance del 2,5% anualizado (frente al 1,9% del mes anterior), impulsado por la componente energética, que subió prácticamente un 5%. La inflación debería proseguir con la senda alcista y superar el 3% en los próximos meses.

Se prevé un endurecimiento de la política monetaria en la zona euro

Dada esta combinación de deterioro en las perspectivas de crecimiento y aumento de las presiones inflacionistas en la zona euro, los mercados anticipan un claro endurecimiento de la política monetaria del BCE de aquí a finales de 2026, lo que conlleva un cambio radical con respecto al «statu quo» que aún prevalecía a finales de 2025. En estos momentos, los mercados prevén prácticamente tres subidas de tipos de aquí al cierre del año, lo que parece un movimiento agresivo que situaría la política monetaria en territorio restrictivo.

Aunque las autoridades monetarias aplicaran las subidas de tipos mencionadas, estas apenas incidirían en la inflación importada. El BCE desea, ante todo, evitar un «desanclaje» de las expectativas de inflación y limitar los efectos secundarios, a saber, un aumento de los precios no energéticos como reacción al alza de los precios de la energía, especialmente en lo que respecta a los salarios. En este sentido, de la herramienta de seguimiento de las remuneraciones del Banco Central Europeo se desprende un mensaje bastante tranquilizador, puesto que prevé un crecimiento de los salarios negociados del 2,3% en 2026, un ritmo mucho más lento que el del año anterior. No obstante, no podemos descartar que la crisis energética influya en las próximas negociaciones salariales.

Previsión de una sola bajada de tipos al otro lado del Atlántico a finales de 2026

En Estados Unidos, los mercados prevén, como mucho, una única bajada de tipos a finales de año, a pesar de que la dinámica económica parece haberse moderado en los últimos meses. A modo de ejemplo, según los datos de gasto de los hogares correspondientes a enero y febrero, en estos momentos el consumo privado revela un crecimiento moderado (inferior al 1% trimestral anualizado). La inflación se acelera notablemente (+3,3% en marzo), lo que complica aún más la tarea de las autoridades monetarias. No obstante, el presidente de la Reserva Federal ha mencionado hace poco que la entidad podría evitar una reacción exagerada mientras las expectativas de inflación a largo plazo se mantuvieran bien establecidas.

Fuente: Bloomberg, Banque de Luxembourg

Resiliencia en los mercados de renta variable

Los inversores siguen apostando por una resolución bastante rápida de la actual crisis en Oriente Próximo. En vísperas de las elecciones de mitad de mandato, el coste político de esta crisis energética podría resultar significativo para la administración Trump. Por tanto, a ésta tampoco le interesaría prolongar el conflicto. El coste económico dependerá de la magnitud y la duración de la perturbación en la oferta provocada por el cierre del estrecho de Ormuz. El tiempo apremia: podría haber escasez de algunos productos refinados, como el keroseno o el diésel.

Damien Petit, CFA, Responsable de Inversiones de Banca Privada
Banque de Luxembourg

Si desea saber más sobre las inversiones a las que se debería otorgar prioridad en el contexto actual, póngase en contacto con su asesor de banca privada.

Juan Carlos Durán
Asesor de banca privada